Alby Ojeda

Tras el clásico parón vacacional, Skip Intro vuelve a ponerse en marcha con nuevos artículos, críticas a juegos y recursos para la escritura.

Hasta ahora, y gracias a la gran acogida que está teniendo el proyecto “Skip Intro”, se han realizado una serie de cambios en el blog. Algunos más evidentes, como el nuevo dominio y la nueva imagen. Y otros más sutiles, como las nuevas secciones de Tienda o Consultoría.

Pero también, para celebrarlo y en agradecimiento a todo el apoyo mostrado, celebramos “El mes de la formación”, período en el cual la publicación de todos los post del blog estaba centrada en el transmitir conocimientos y consejos desde varios puntos de vista, para así facilitar la creación desde cero de cualquier tipo de proyecto, ya fuese amateur o profesional. Y para ello tuvimos el placer de contar con la colaboración de profesionales de distintos campos que nos aconsejaron desde su ámbito y experiencia como firmas invitadas.

Si te perdiste algo aquí tienes un pequeño índice orientativo:

Sin embargo, me ha llamado la atención tras su publicación cómo a algunos profesionales les ha sorprendido la cantidad y calidad del conocimiento que se ha compartido de forma gratuíta en ellos. De hecho, ha sido muy común la pregunta de si no tengo miedo de que cuente “mis secretos” y así pierda ventaja respecto a la competencia. Mi respuesta ante eso siempre ha sido la misma: Ojalá más gente pueda leerlos.

Y para explicarme tengo que remontarme a los años 70 y hablar de una experiencia personal. Una de las facetas artísticas que cultivo es la de la fotografía, herencia directa de mi padre. Él desarrolló su pasión desde la adolescencia y de él he aprendido todo lo que sé, además de contagiarme una alergia terrible a los trabajos de la BBC (Bodas, Bautizos y Comuniones).

En menos de un siglo, la fotografía de Boda se estudiará en las aulas como un referente histórico.

El origen de tal alergia se encuentra en que al ser el único familiar con cámara de fotos, era al que llamaban siempre cada vez que había un evento de esa índole para ahorrarse el pagar a un fotógrafo. Pero lo que más escandaloso de la anécdota está en los problemas que encontraba para sacar fotos por culpa de otros fotógrafos. Al parecer, en la época no se podía ejercer de fotógrafo así como así sin que tuviese carnet especial, el cual sólo lo otorgaba otro fotógrafo con carnet. De esta manera, apenas cuatro fotógrafos se tenían repartidas todas las iglesias de la ciudad y sólo ellos podían fotografiar esos eventos. Y estamos hablando que el método para hacerte saber esta realidad iba desde la violencia hasta la denuncia a la policía.

Desde su punto de vista, se puede justificar completamente ya que se trataba de su negocio y tenían todo el derecho de proteger su forma de vida. Pero ésto solo beneficiaba a esos cuatro fotógrafos que con su territorialidad fomentaban un control mediante la amenaza, que surgía desde su propio miedo a la competencia.

Fotógrafos del momento otorgando un carnet a un nuevo profesional.

Por tanto, desde el aspecto artístico, el único trabajo fotográfico aceptable era el creado desde el único punto de vista que esas cuatro personas tenían sobre sí mismos, estancados en su propio conocimiento y cerrados a cualquier punto de vista exterior, ya sea creativo o comercial.

Ahora comparemos eso con el flujo actual de intercambio fotográfico que se realiza en internet. Las cámaras han proliferado tanto que cualquiera puede sacar una foto y compartirla a una audiencia internacional. E imaginemos que para poder hacerlo fuese necesario un carnet de fotógrafo que sólo te diese un organismo internacional formado por cuatro fotógrafos encumbrados.

Sí, posiblemente habría menos basura fotográfica en las redes, pero también nos perderíamos a todos esos fotógrafos con una mirada fresca y original, aficionados que sólo aman la fotografía como hobbie, y que nunca han ido a una academia y no han estudiado la ley de los tercios.

De nada sirve el conocimiento en manos de unos pocos. Esos cuatro fotógrafos harían su negocio acaparando el trabajo de BBC en esas iglesias, pero eso es sólo pan para hoy y hambre para mañana.

Porque el monopolio no hace industria.

Y ésto está ocurriendo ahora en la forma de hacer juegos entre oriente y occidente. Parece increíble, pero a día de hoy el videojuego japonés está en crisis. Aquel que durante los años ochenta era el que marcaba la pauta, ahora está en un pozo del que ni siquiera sabe cómo salir.

Sin embargo, EEUU le ha ganado con creces la carrera por el liderazgo.

Evidentemente las razones son muchas, pero la que más me ha llamado la atención es ver cómo paradójicamente no han sabido trabajar al ritmo de los tiempos que corren. Pensamos en el pueblo japonés como el ejemplo de la perfecta unión entre tradición y modernidad, abanderados de la tecnología y viviendo siempre con un pie en el futuro.

Pero tienen un grave defecto cultural que los han hecho quedarse anclados en el siglo pasado: su incapacidad para compartir información. La sociedad japonesa es hermética y su estrategia industrial es muy competitiva. Eso les lleva a ser muy selectivos a la hora de intercambiar información con otros profesionales por miedo a que alguien se aproveche de su conocimiento y les tome la delantera.

Pero la actitud de la industria americana es precisamente la opuesta. Acostumbrados a admirar el éxito, es normal que los profesionales compartan entre sí sus experiencias de éxito y fracaso. Porque saben que hoy seré yo el que esté dando la solución a un problema, pero mañana, el profesional que trabaja en mi competencia compartirá conmigo la solución del problema que paraliza la producción de mi empresa.

El americano se sube a un escenario ante un público que desea seguir sus mismos pasos para alcanzar el éxito. El japonés murmura ante el micro los tópicos superficiales, en una convención de profesionales que se transforma en una pérdida de tiempo para todos.

Y eso nos lleva precisamente a España, acostumbrada a castigar el fracaso y envidiar el éxito, con su clásica estrategia de ocultar el conocimiento para destacarse de la competencia, así como la de limitar el acceso a ciertos sectores. Eso tenía sentido en el siglo XX, cuando la comunicación estaba muy limitada y la información que manejases individualmente podía marcar una clara ventaja respecto a tu competencia local.

Pero en plena explosión informativa y de intercambio masivo gracias a internet, ésto se vuelve una estrategia obsoleta basada en una mentalidad rancia y desfasada.

Interné sirve pa robar ideas, namás.

Da igual lo mucho que yo pueda saber sobre guion de videojuegos y las ideas que pueda tener para potenciar las posibilidades narrativas del medio: Sólo soy un tipo escribiendo en un blog.

Sin embargo, si comparto mi conocimiento y alguien me escucha porque le gustan mis ideas, lo incorporará a su trabajo. Si son muchos los que lo hacen, comenzará a incrementarse la demanda de guionistas en el medio. Y eso significará más competencia para mí, pero lejos de ser algo negativo, es lo más positivo que podría ocurrir a mi campo: que hayan muchos que trabajen en él. Porque eso significa que se intercambiará información, nuevos puntos de vistas, nuevas ideas y se estará consolidando una industria, y eso sólo significará más trabajo para todos.

Porque mucha gente trabajando en lo mismo es poderoso. Por ejemplo, ¿sabías que un autor no cobra derechos de autor por escribir un guion de videojuego? Por una película o una serie sí lo hace, pero un videojuego no se considera obra audiovisual, sino programa informático. Si el videojuego finalmente da el salto final para consolidarse como obra de contenido artístico, debería ser justo que sus creadores pudiesen cobrar por su creación, de la misma manera que los creadores de otros medios. En EEUU, donde siempre van un paso por delante, ya se está comenzando a dignificar el videojuego como medio creativo y narrativo a la altura del cine.

Sin embargo, que yo lo diga aquí no es más que la pataleta de un bloguero. Y lo será hasta que no hayan los suficientes profesionales del guion como para hacerse oír y empezar a cambiar la definición incompleta de “programa informático”.

Pero para eso debe existir una industria y no un monopolio.

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4 thoughts on Sobre el beneficio de intercambiar conocimiento.

  1. Qué grandes palabras. Y qué grandes verdades, porque no solo conllevaría una mejora de cara al trabajo individual sino también colectivo. Cada vez son más las “armas” para desarrollar el “colaboracionismo” en contra de la competitividad, que tiende a estancarse en manos de grandes corporaciones. No sé si has oído hablar de la cámara elphel, pero es un proyecto muy interesante y que viene a cuento con el tema.

    Por otra parte, conseguir que el trabajo, ya no de guionista de videojuegos, sino de guionista en general, se convierta en algo bien considerado conllevaría mejoras en el estudio de la materia en un país como el nuestro, donde está tan denostado e infravalorado, con poca estructura. Al igual que deberían haber carreras de compositor más allá del conservatorio en las que elegir a la postre si quieres especializarte en cine, videojuegos, orquestas u ópera, por ejemplo, debería haber una carrera enfocada al desarrollo de historias, para luego decantarse cada uno por música, teatro, literatura, poesía, cine, tv, videojuegos, etc. También es cierto que la inexistencia de estas carreras le da un halo de misterio y “autodidactistmo” con el que estoy encantado, pero no creo que ese sea el único camino.

    Los buenos guiones los hacen los buenos guionistas que tienen herramientas para desarrollar su creatividad. Y los buenos productos tienen buenos guiones. Sería un gran salto de calidad poder contar con estas posibilidades que, además, ayudarían a cambiar la percepción que tenemos sobre los videojuegos. Cada vez menos “demonizados” pero aún considerados obras menores o de “vano” entretenimiento. Acabo de terminar el skyward sword y he disfrutado y me he enriquecido más jugándolo que en las últimas tres o cuatro películas que he visto. De la televisión, la radio y los periódicos ni hablo.

    En definitiva, otra industria es posible

  2. albynubio

    Muchas gracias, Funky Natra.
    Creo que esa filosofía se ha desarrollado al generalizarse en internet los modelos open source de aplicaciones y ver lo positivo que es para la comunidad.

    Y sobre el guion, está claro que un videojuego se ve enriquecido en su experiencia si encima la historia que cuenta está mimada al máximo. Ocurre lo mismo que con el cine, que se pueden hacer obras llenas de efectos especiales, con un carrusel audiovisual que te tenga pegado a la butaca, pero si se queda sólo en eso, al terminar la experiencia se olvida.

    Sin embargo aquellas experiencias que narran una historia se clavan en el recuerdo porque nos llega directamente al alma.

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